miércoles, 9 de febrero de 2011

1er parcial

El tecito de las tardes

Hace no mucho tiempo en un paralelo universo  donde los gatos reinan y defienden noblemente el mundo, el preocupado y cansado Rey Francisco I “El Leal”, deberá llamar a la aventura al mejor caza-recompensas del reino. Es así como comienza nuestra historia.

Von Cat, es un conocido y talentoso gato en el Reino, pero hace ya un tiempo que se ha retirado para embarcarse en la más peligrosa y complicada misión que haya llegado a sus patitas, conquistar a Lady Nya. Ella es la hija de un archiduque fallecido hace ya varios años por lo cual no figurará en esta historia, por esto mismo, Lady Nya ha tenido que pasar todos estos años aprendiendo a defenderse y a cuidarse sola, pues teniendo un título nobiliario no ha faltado gañan que haya intentado aprovecharse.

Un día común llegó un ratón mensajero con el Rey Francisco I “El Leal” y al verlo lo levantó  y se lo comió de un bocado…”Ñohmm, sabe a qué hay problemas…” dijo, entonces abriendo sus fauces tomo un pequeño tubito dorado atorado en sus colmillos, lo abrió y leyó:

“Alabadísimo Rey Francisco I “El Leal”,
            Tememos informarle que la Campana Plateada, ha sido robada, nuestro Reino está en peligro, los enanos están empezando a subir y a destruir el bosque y es necesario tomar acción inmediata, le pedimos humildemente mandar a su mejor hombre enseguida”.
                                                                                      Con apreció y humildad
Los Gatos de la Guardia Fronteriza (L.G.G.F.)”

Así que no tardó en llamar a la corte a Von Cat. Este llegó presuroso y escuchó las palabras del Rey Francisco I “El Leal”: “Von Cat, debes partir en una última misión. La Campana Plateada ha sido robada y es tu deber recuperarla, como sabes, ésta es la que impide que los enanos suban a nuestra tierra y la deforesten, por ello es imprescindible que partas de inmediato”.

Von Cat, atónito lo miró y le dijo: “Señor, usted sabe que estoy ya retirado, que estoy en otra…misión…más personal, estos asuntos ya no me atañen” El Rey Francisco I “El Leal” vociferó “Es tu deber y tu honor, y no hay nadie más que pueda cumplir este cometido, parte ahora, o las consecuencias serán graves”.

Fue con esto que Von Cat decidió visitar a Lady Nya, para informarle de los requerimientos del reino, pero que él no partiría dejándola sola, a lo que ella respondió  “Cat, debes partir ahora y lo harás y si he de arrastrarte de los bigotes lo haré, iré contigo, un gato viejo ya no puede solo”.

Dicho esto los dos gatos comenzaron la búsqueda. Al tercer día de caminata por los bosques, una extraña niebla los rodeo y una voz se escuchó de pronto “No llegarás muy lejos sin mí Von Cat, el Rey Francisco I “El Leal” me ha enviado a buscarte para que te apoye en este viaje, hay muchas cosas que necesitas saber, me presento, soy Felinity y formo parte de Los Gatos de la Guardia Fronteriza”.

Lady Nya respondió antes que el deslumbrado Von Cat diciendo: “Que tienes tú que decir, habla ahora, di todo lo que sepas o no nos acompañaras” Felinity respondió mirando a Von Cat y no a Lady Nya: “Te diré todo a su tiempo, por ahora solo debemos buscar la frontera norte donde se encuentra la fuente, ahí encontraremos el pasadizo  a las Regiones Prohibidas, hasta entonces, no hablaré más”.

Los tres siguieron su camino hasta la frontera norte, donde encontraron un hermoso lugar de luz cálida que ocultaba detrás de una fuente majestuosa un pequeño pasadizo hacía un lugar demasiado oscuro para poder observarlo desde afuera. Al cruzarlo, se encontraron con un lugar boscoso, húmedo y pantanoso donde se detuvieron a descansar y escuchar las palabras de Felinity: “Estamos ya en las Regiones Prohibidas, aquí vive el malévolo Barón Le Doge, él ha ocultado la campana para que los enanos puedan salir a buscar los ingredientes necesarios para una infusión…su tecito de las tardes…él es demasiado anciano como para poder recolectarlos por sí mismo. Tengo la creencia de que si logramos recolectar estos primero que los enanos podamos convencerlo de que nos diga donde ha ocultado la Campana, tenemos la ventaja de que los enanos son demasiado torpes”.

“¿Cómo es que has obtenido esta información?” preguntó Von Cat. “Los enanos hablan fácil bajo ciertas…medidas.” Dijo Felinity muy seria por lo que decidieron ya no hondar más en sus preguntas.

“El primer paso es conseguir dos tipos de hongos, dorados y azules, los azules no son un gran reto, solo se debe subir una…pequeña…escalera. Los dorados son el problema, se encuentran en una cueva peligrosa, llena de una sustancia que parece agua, que es la que da vida a los hongos, pero esta es sumamente corrosiva y puede matar.” Dijo Felinity. “En marcha entonces, debemos apresurarnos a conseguir esos hongos, primero vamos por los azules” dijo Von Cat con emoción.

Partieron en la búsqueda de la escalera y al encontrarla Lady Nya exclamó: “¿¡Esta es tu “pequeña” escalera!? Tiene fácilmente mil peldaños” Por lo que Felinity contestó: “¿Es acaso demasiado reto para ti?” A lo que Lady Nya respondió corriendo hacia la escalera, adelantándose a sus compañeros.

Llegaron por fin al final de las escaleras, tirando los pulmones afuera del agotamiento, y encontraron sobre unas piedras que formaban casi una mesa unos preciosos hongos que brillaban y despedían una luz azul bellísima, y al cortarlos desprendieron un delicioso olor a moras.

“Muy bien, ahora debemos encontrar los otros hongos, ¿dónde están?” dijo Von Cat enérgicamente. “No muy lejos de aquí, la entrada a la cueva debe estar a unos metros” dijo Felinity mirando a su alrededor.

A los pocos segundos descubrieron un agujero  en el piso, que conducía a una cueva oscura donde solo brillaba una luz dorada al fondo, “Von Cat, deberás entrar tú, deslíate por la cuerda y agárrate muy bien, no toques el suelo, Nya y yo te balancearemos para que alcances a cortar los hongos, cuando los tengas, grita y te subiremos”.

Así entró Von Cat a la cueva, lo balancearon y cortó los hongos que parecían casi metálicos, como si fueran de oro y, al cortarlos, desprendieron un sabroso olor a manzanas, pero en uno de los balanceos soltó un poco la cuerda y su bota alcanzo a tocar el líquido, que era totalmente igual al agua y esta soltó humo y un olor a quemado que casi acabo con el olor a manzanas, gritó Von Cat un tanto por el susto , y sus compañeros lo subieron inmediatamente y festejaron el tener los hongos.

Descansaron esa noche entre un dulce y revitalizante olor a moras y manzanas. Al día siguiente despertaron muy temprano y Felinity les explicó que encontrarían la casa del Barón Le Doge caminando diez kilómetros al este, y así lo hicieron. Después de la larga caminata llegaron a una casita roja, pequeña pero lujosa, muy decorada y linda. “¡Le Doge!” gritó Von Cat, salió unos segundos después un perro bajito y regordete, con ya muchos años encima, una taza de café en la mano y un monóculo en el ojo derecho, era el Barón Le Doge, en ese estado, no lucía ni tan esplendoroso, ni tan peligroso. Los miró y dio la media vuelta y gruñó algo parecido a “Síganme”.

Lo siguieron hasta una salita sumamente arreglada, Le Doge se sentó en un sillón de terciopelo rojo y dijo “¿Qué quieren unos gatos en la casa de un Barón Canino tan ilustre y anciano como yo?”, Von Cat contestó: “Queremos hacer un intercambio, sabemos de los ingredientes de tus infusiones, si nos regresas la campana que robaste, te los daremos”. Le Doge rió y dijo “No puedo darte la campana, no la tengo, nunca la tuve, pero si me das los ingredientes te diré la historia completa y sabrás como recuperarlos”.  “Es un trato” dijo Felinity instantáneamente, sabía que era lo mejor que obtendrían de ese viejo que ya no se veía capaz de robar nada.

“Yo ya no puedo robar nada, soy demasiado viejo, pero tengo… o tenía, mis amistades. Mande a la Elfa de los Gansos por ella, porque sabía que ustedes mismos vendrían a darme los ingredientes para recuperar la campana, nunca espere que los tontos enanos lo hicieran, ellos solo quieren la madera de sus bosques. Pero esa Elfa, se negó a darme la campana, es vanidosa como cualquier Elfa y tonta como cualquier ganso, dijo que era linda y combinaba con su túnica, esa boba… Así que ya lo saben, si quieren la campana, deben buscarla, la encontrarán en el Lago de Cristal, en el Bosque del Origen a unos kilómetros de aquí por el camino que hace el río, desemboca en el Lago. Ahora váyanse ya, pero tu gato, quédate un momento, te daré algo especial” dijo el perro.

“¿Qué quiere darme?, ¡que no se trate de un truco, eh¡” dijo Von Cat con desconfianza, “Tranquilo”, dijo Le Doge, “Sé que moriré pronto, y en una vida de mentiras, robos y artimañas me he hecho de muchos tesoros, así que quiero hacer algo bien, solo por saber que se siente y para morir bien. Ve a la repisa, ahí hay una cajita verde con una rosa magenta. Puedo ver claramente que estás perdido por la joven felina que entró contigo y la gata blanca, si ella está destinada a amarte, al regalársela, la rosa brillara y ella se dará cuenta de que es contigo con quien quiere estar y no lo ocultara más, y ahora ya lárgate, que llevo semanas tomando éste asqueroso café y no puedo esperar por prepararme mi tecito”.

Salió Von Cat al encuentro de sus compañeras y se dirigieron presurosos al Lago. Al encontrarlo, vieron a la Elfa tocando la flauta y a los enormes gansos blancos aleteando en el lago, y al sentir su presencia la Elfa se volvió loca y mando a los gansos atacarlos, antes de que llegaran a ellos, Von Cat sacó la rosa y se la dio a Lady Nya, la rosa brillo hermosamente y Lady Nya vio con ojos amorosos y sinceros a Von Cat por primera vez. Con la seguridad del amor de su lado, Von Cat y Lady Nya pelearon contra la Elfa como nunca habían peleado, Felinity se hizo cargo de los gansos y después de una muy intensa batalla lucharon y le arrebataron la campana a la Elfa.

Salieron corriendo de ahí y después de muchas, muchas horas de apresurado viaje llegaron a la Corte donde encontraron al Rey Francisco I “El Leal”, más avejentado que nunca de los nervios, pero cuando los vio, los colores le volvieron al pelaje. Celebraron el regreso de la campana y la partida de los enanos del Reino de los Gatos y después  de esa fiesta, siguió la de la boda de Von Cat y Lady Nya, que estuvo toda decorada en tonos de magenta, y en su casa nunca faltó agua en el florero de aquella rosa que nunca perdió su brillo.

Creado por:
Jacqueline Ortiz Torres
Jesús Servín García

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